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Apreciado B.

Muchas gracias por compartir una comida y una sobremesa tan agradable conmigo. Recuerdo muy bien que comentamos las noticias constantes de pocos años a esta parte de que hay una fuga de talento hacia el extranjero, donde hay buenas oportunidades de empleo y de crecer profesionalmente. Y que eso era negativo para la sociedad española, porque si hace décadas emigraban trabajadores poco cualificados, ahora lo hacen los más preparados ¿Es eso tan preocupante? Después de reflexionar sobre ello, he llegado a la conclusión de que es una gran oportunidad.

Para ilustrarlo, pongo sobre la mesa un hecho reconocido internacionalmente: el deporte español es un ejemplo de éxito, tanto en su generación y selección de los mejores, como en la maduración de deportistas hasta convertirlos en verdaderos campeones. Tenemos ejemplos concretos en muchas disciplinas: fútbol, baloncesto, automovilismo, tenis, motociclismo, golf, windsurf y algunas categorías olímpicas. Hemos conseguido no solo llegar a ser los mejores en estos deportes, sino a establecer y consolidar una verdadera industria: escuelas de detección y selección de talentos, cantera propia, equipos en alta competición, inversores y hasta un Hall of Fame de las estrellas ya retiradas.

Y esto ha ocurrido en los últimos 10 o 15 años ¿Qué ocurría antes? ¿Acaso no sabíamos jugar al fútbol o al baloncesto? ¿No sabíamos pilotar vehículos? ¿No teníamos escuelas de tenis? ¿Qué ha cambiado para que de repente tengamos éxito en tantos deportes? La respuesta común a todos esos casos: hemos conseguido el talento de ida y vuelta.

Ha sido necesario que muchos deportistas hayan salido de España para entrenar, formarse y crecer en el extranjero. Eso significa salir del territorio conocido y sumergirse en otra cultura, otro idioma, otra filosofía de preparación, de competición, la soledad y la necesidad pura de salir adelante en un entorno extraño (y hasta hostil en muchas ocasiones). Eso fortalece, enseña, madura y curte a un profesional de una forma imposible de reproducir en su entorno de comodidad. En una palabra, significa irse como un niño y volver hecho un adulto, deportivamente hablando.

Si nos fijamos, todos los super-campeones del deporte español han competido, entrenado y triunfado fuera. Y a nivel de deporte de equipo, gran parte de los componentes de las selecciones españolas campeonas, juegan o han jugado durante años en otros países, otras ligas. Desde que eso es así, empezamos a ganar mundiales. Y si miramos a otras selecciones campeonas de otros países, casualmente muchos de sus miembros han recorrido un camino similar.

¿Donde está la oportunidad? En que conseguir que vuelvan. Conseguir crear en casa el ambiente para que una vez formados y curtidos en esos mundos lejanos, los que se fueron vuelvan a desarrollar su talento en nuestro provecho, que enseñen a nuestros jóvenes, que les inciten a seguir un camino similar, que todo lo aprendido sea aplicado en su lugar de origen.

Por eso no me preocupa que ingenieros, médicos, abogados, físicos, literatos, biólogos, economistas, cocineros y periodistas emigren al extranjero. El reto de los que nos quedamos es construir un país al que, dentro de algún tiempo, deseen volver para darnos y compartir lo que solo fuera se puede aprender. Que sean un talento de ida…y vuelta. Lo que sí me preocupa es que no seamos capaces de hacerlo. Porque el talento solo de ida nos empobrece como sociedad y como colectivo humano. En cambio, el talento de ida y vuelta gana mundiales, merece premios Nobel, funda empresas innovadoras, patenta ideas únicas, nos vincula al resto del Mundo y a la vez lo impregna de nuestra personalidad. Y los españoles tenemos una personalidad con mucho y bueno que ofrecer (además de la sangría, la siesta y la tortilla de patatas).

En fin, espero que nos veamos pronto de nuevo y que tu proyecto personal de incrementar a tu familia tenga también éxito. Al fin y al cabo, es el primer paso para más tarde exportar talento.

Un fuerte y afectuoso abrazo.

CarlosjAngeles

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