Apreciado D.

Lo he confirmado, he superado los 1.000 contactos en mi red profesional de LinkedIn. Y he hecho una pausa, como cuando se pinta un cuadro y el pintor retrocede unos pasos para observar la evolución de la obra con perspectiva de conjunto. Ha sido físicamente así: me he retirado de la pantalla del ordenador y la he mirado desde lejos, como queriendo dar otra perspectiva al logro de que tantas personas hayan querido acompañarme y dejarse acompañar durante mi carrera profesional.

¿Por qué una persona querría conectar, estar en contacto y saber de otra con la que seguramente no habla, trabaja o colabora habitualmente? Así son la mayoría de mis contactos en LInkedIn. En mi opinión, es una cuestión de reputación. Internet es básicamente una máquina alimentada por reputación. Visitamos páginas reputadas para informarnos, consultar dudas, buscar restaurantes, hoteles, vuelos… La reputación es como un muro de ladrillos que vamos construyendo uno a uno con esfuerzo y tiempo. Todo pequeño detalle habla de nosotros y construye nuestra reputación: quien es amigo nuestro en Facebook, o quien forma parte de nuestra red de contactos en LinkedIn, qué fotos subimos a la red, que comentarios hacemos, que tweet enviamos, y cuál retwiteamos.

El problema de la reputación online es que se comporta como la del mundo real: un comentario desafortunado, una imagen políticamente incorrecta, un seguidor polémico, y nuestra reputación queda destruida. “La reputación no vende”, recuerdo que me dijo un antiguo jefe. “La reputación no vende, pero abre o cierra puertas”, le contesté de forma espontánea y casi instintiva. Y lo sigo pensando: en la actualidad lo más difícil no es vender, sino que te reciban y te escuchen.

Al principio de mi carrera profesional, cuando trabajaba en compañías multinacionales archiconocidas en todo el mundo, era fácil concertar entrevistas. Tan solo con decir el nombre de la compañía, te añadían a su agenda. La compañía, por supuesto, contrata a decenas o centenares de miles de empleados en el mundo y su marca comercial forma parte del vocabulario común de los consumidores. Pero más adelante, cuando mi compañía solo contrataba a decenas de empleados, concertar entrevistas se volvió mucho más complicado. Y la razón era solo una: el renombre y reputación de la empresa donde yo trabajaba.

Una empresa desconocida no tiene reputación, y no se la recibe. Igual que una botella de leche sin marca no se compra, aunque sea muy barata: no confiamos de dónde puede venir. Así que la reputación es un factor importantísimo en nuestra red de contactos. Y si no, que les pregunten a los head-hunters que me han contactado a través de LinkedIn si lo hicieron basándose en algo distinto a mi reputación.

El segundo factor es la expectativa de colaboración. Dicho en dos palabras: hacer networking. Eso de hacer networking no es sino acumular personas con las que podríamos colaborar para conseguir algún fin: un trabajo, un favor, un contrato, un cliente, un proveedor, una pareja….quién sabe. La cuestión es que de expectativas no se vive. Y en la mayoría de los casos que conozco, networking no necesariamente implica conseguir el fin que buscamos. De hecho, son excepcionales las personas de mi circulo cercano capaces de convertir el networking en ingresos económicos. Y de todos modos, repetimos constantemente eso de hacer networking como si fuera un canto de autosugestión mañanera. Como si de tanto decirlo y hacerlo, sirviese para algo.

Trabajando para empresas norteamericanas me sorprendieron tres cosas. La primera, que las reuniones se hacían de pie en un pasillo delante de la puerta del despacho de uno de los convocantes. Obviamente la incomoda reunión de pie duraba como máximo de 10 minutos y al acabar se había tomado una decisión que todos ponían en practica.

Lo segundo, que animaban a probar estrategias y así averiguar cuanto antes si tenían éxito. De ser así, se adoptaban y se convertían en política general. De no se así, se aprendía la lección para evitar errores en el futuro. Resumiendo, nos invitaban a equivocarnos con el ánimo de acertar. O como dice mi admirado Ken Robinson, no puedes ser creativo si no estas preparado para equivocarte. Algo impensable en general en las compañías europeas en las que he trabajado recientemente.

Y lo tercero, recuerdo al director de I+D de la empresa repitiendo constantemente la pregunta “¿Cómo vamos a ganar dinero con esto que hemos inventado?”. Porque si nadie del equipo veía como se podía ganar dinero con ese desarrollo, se volvía a encerrar en el laboratorio hasta un nuevo hallazgo tecnológico. Esa pregunta la echo en falta en empresas, universidades y start-up de internet que conozco.

Porque al final todo se basa en generar valor, monetizar, retornar la inversion…elige la expresión que prefieras. Hace pocos días leí que foursquared.com había completado con éxito su tercera ronda de financiación por valor de 700 millones de dólares. Y en la foto se veía a un grupo de personas sonrientes. No serían los accionistas de las dos primeras rondas de financiación: el dinero que invirtieron en esta compañía se gastó sin llegar a conseguir ingresos suficientes para devolverlo con ganancias añadidas. Vamos, que se fundieron la pasta en dos ocasiones y todavía han encontrado otros inversores nuevos que creen que esta vez va en serio y la compañía será rentable. Eso en jerga financiera se llama a greater fool (ya llegara un tonto mayor que nos comprara estas acciones que no valen mucho a un precio muy superior). Pero que cada cual decida hacer con su dinero lo que desee…

Me despido alegre por haber superado mis 1.000 contactos en mi red de LinkedIn. Y preguntándome cómo voy a convertir en ingresos el hecho de contar con tanta gente profesional, interesante, inspiradora y exitosa que me acompaña mientras sigo aprendiendo de negocios y de la vida misma. Lo que sí tengo claro, es que si consigo ingresos, los repartiré con los que hayan colaborado conmigo en conseguirlos. Al fin y al cabo, tengo una reputación que mantener.

Un fuerte abrazo y saludos a tu esposa.

CarlosjAngeles

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